Porque lo bueno siempre se acaba,
me quedo atrapada
en una espiral que no cesa,
no para.
Y la ansiedad estalla
dejando rastros de restos,
y me comen los nervios,
un cigarro en dos caladas...
El pasado vuelve al acecho,
se pone el negro de manifiesto,
turbio encuentro.
Cerrar los ojos y que la tormenta pase,
tras ocho años me empuja la fuerza del arrastre.
A todo el que me tache de cobarde,
le deseo mi pellejo
más pronto que tarde.
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